lunes, 2 de julio de 2012

Pensamientos de una caminata.


Caminar con este clima en el que la tormenta ya se siente en el aire siempre me tranquiliza pero hoy me di cuenta de algo que realmente no me gusto.

Llevo viviendo en mi actual casa más de 20 años, obvio desde que nací. Conozco a todas las personas que viven por aquí desde entonces, las que se han ido y las que han llegado aunque no por eso necesariamente tenga algún trato con ellos. En algún punto de la vida estaba rodeada de amigos a los que podía encontrar a sólo unos cuantos pasos, sonreía a todo el que me encontraba y no era un misterio para nadie. Hace muchos años que esos amigos se fueron de aquí y los que quedan, pues bueno, ya no son parte de mi vida para nada.

Hay mucha gente que me ha visto crecer, caerme (literalmente), levantarme, hacer y deshacer. Conocen mi nombre pero no saben como me dicen, saben que voy a la escuela pero no saben a cuál, que a veces no llego en la noche o incluso en días pero no saben a donde voy. Soy esa muchacha extraña que cuando la ven se callan y tan pronto pasa vuelven a hablar, pero ahora de mi.

En realidad no hay nada que me detenga en este lugar, no tengo amigos ni un novio que me hagan querer quedarme pero me he aferrado a vivir aquí con toda mi alma desde que tengo memoria. Mudarme de mi pequeño departamento, dejar estas calles, la azotea del edificio, los columpios y el árbol que plante eran de esas cosas que me aterraba dejar.

Pero hoy mientras caminaba por las calles que he recorrido miles de veces en mi vida me di cuenta que ya no quiero estar aquí. Casi todos los lugares están llenos de recuerdos como mi primer beso, paseos tomada de la mano de alguien, peleas, risas, juegos y un montón de cosas más que ya no pueden volver a pasar porque estamos muy lejos de esos momentos. Se supone que eso es lo bonito, pero ya estoy un poco cansada de caminar una y otra vez sobre mis recuerdos porque es imposible no evocarlos cuando paso por ahí y es que el hecho de que sean buenos recuerdos no quiere decir que los necesite.

Lo malo es que mi capricho por quedarme me saldrá caro porque en al menos tres años no podré huir de aquí. Sin embargo esperare con ansía el momento en el que pueda recorrer otra vez las calles del lugar al que llamo hogar sin tener que pensar en lo que en algún momento fue y no volverá a ser jamás.  

No sé ni en que momento lo comprendí ni por qué, pero ya me di cuenta que no necesito todo eso porque entonces te la pasas anhelando que pasen las cosas iguales, quieres reencuentros que ya no pueden pasar y entonces sufres por lo que no tienes y sufres más cuando te das cuenta que no lo volverás a tener. Y no significa que este huyendo de lo que siento porque para poder llegar a este punto en el que aprendí a poner todo detrás de mi tuve que lidiar con todos los conflictos que tenia con el pasado y ahora que todo esta resuelto puedo felizmente cerrar el baúl de los recuerdos, al menos por ahora. Lo digo porque soy mas volátil que el clima de Toluca, cambio cuando menos se lo esperan, incluso cuando menos me lo espero yo!

2 comentarios:

  1. Cuando los recuerdos ya no te lastiman es hora de dejarlos atrás y a lo que sigue... yo digo.

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